miércoles, 16 de enero de 2013

Capítulo 15; Que Violento eres.


Al darme cuenta de lo sonrojada que estaban sus mejillas no pude evitar mirarla como un bobo, no sé qué me estaba ocurriendo, era todo tan extraño y pasaba tan rápido que no tenía tiempo para reflexionar sobre mis actos, mi comportamiento se estaba saliendo de control a causa de lo hermosa que era esta chica, quizá anteriormente no me había detenido a mirar con detalle las facciones de su rostro, la forma en que camina, o como sonríe, simplemente la encontraba maravillosa y me encantaba pasar tiempo a solas con ella, no quería imaginarme ni pensar en lo que pasará después de que esto ya no se pueda   llevar a cabo, entonces me estremecí al llegar al estacionamiento del Hospital donde se encontraba mi hermano, mi hermano gemelo.
-Si no te molesta, me bajaré para llegar antes, te espero arriba- me sonrió y se apresuró en bajar pero el seguro estaba puesto.
-¡Deberías apresurarte si no quieres llegar último!- Solo en una milésima de segundo su esbelta silueta había salido del coche y corría en dirección hacia la entrada.
Estacioné el vehículo cerca de una máquina de refrescos, me bajé y comencé a jugar con algunas monedas entre mis dedos, no tenía cara para subir y ver a mi hermano después de pensar cosas así con mi nov… digo, su novia. No sabía si estaba mal o bien lo que estaba haciendo, pero me gustaba, y yo siempre trato de buscar lo que me gusta, pero creo que he llegado demasiado lejos, bueno al menos nadie se ha dado cuenta y tampoco ha llegado a más, me conformo con algo. Sentí que algo vibró en el bolsillo de mi pantalón y era un mensaje, no quería ni imaginarme de quién era si ya sabía la respuesta, era Alex. No lo leí y lo borré, no tenía más espacio en mi mente para estar pensando en lo que sucedió hace poco, ya se estaba haciendo tarde y se extrañarían por qué no he subido, por lo que cerré el vehículo y tome aire para seguidamente darme la vuelta y apretar el botón del ascensor.
Al llegar a la puerta me detuve y solté todo el aire que se había acumulado en mis pulmones, giré la manilla y abrí la puerta, al entrar los vi juntos, de la mano y… muy felices.
-Eh… hola. - ambos giraron el rostro en dirección hacia mí, me sentí un poco raro y al ver a Abby tan cerca de mi hermano, sentí una puñalada en el estómago.
-¡Tom!, vaya, te tardaste mucho en subir, para la próxima te traeré yo misma- se rió con su dulce voz, tan suave, tan hermosa, tan ella.
-Eh… si, esto… me tarde. - no sabía que decir y a la vez me sentí muy incómodo.
-Adivina qué, a Bill le darán de alta muy pronto Tommy, ¿No es grandioso? - me preguntó mi ángel.
-¿De verdad? ¡Esa es una excelente noticia! - me sentía contento por una parte, era mi hermano de todos modos.
-No está nada mal para ser tu primer cambio desde hace años- me alabó Bill acerca del nuevo corte de cabello. Este tenía un enorme yeso en su brazo derecho, al parecer le habían quitado el otro que tenía en el brazo izquierdo y otra de esas cosas molestas para el cuello, como quiera que se llamen, estaba bastante mejor después de la última vez que lo vi.
-Pues… Sí, Abby me ayudo en todo, ella es grandiosa. - me detuve a mirar sus delicadas facciones, es que parecía un chico de 16 años aprendiendo sobre el amor. Estaba tan distraído que no me di cuenta cuando Bill me lanzó una mirada amenazadora, quizá estaba siendo demasiado obvio y tendría que disimular al menos delante de él.
Sentí como mil flechas se clavaban en mi pecho cuando los vi besarse, me sentía demasiado incómodo, me sentía raro, no tenía la menor idea de cómo había sucedido todo esto de los sentimientos encontrados hacia mi mejor amiga, que era mucho más que eso porque ella ya no podía ser mía, porque lamentablemente, sí, esa es la palabra, lamentablemente tenía dueño, pero ya no era necesario que me tomara un tiempo para aclarar mis sentimientos, ella me… bueno es que ella me… ella … ella me gusta. No puedo hacer nada contra ello.
- Chicos ¿Podrían disculparme? necesito ir al baño. -seguidamente abrí la puerta del baño y me senté sobre la encimera, me sentía muy mareado, me dolía la cabeza y también me dolía el corazón. No me di cuenta cuando ya habían pasado prácticamente 16 minutos. Estaba a punto de bajarme cuando escuché el ruido de la manilla de la puerta abrirse, me estremecí y me bajé tan rápido que no sentí el roce, levanté la vista y allí estaba mi Gemelo.
-¿Tom? ¿Te sientes bien, hermano?, te noto muy pálido… - Bill se había levantado solo para venir a verme, me sentí el peor ser del universo.
-Oh Bill, ¡no te levantes!, ¿Qué haces?, Vamos, ve a recostarte de nuevo. - lo ayudé a recostarse hasta que estuvo en cama de nuevo.
-¿Me dirás? No soy tan tonto como crees, a ti te pasa alg… -
-¿Pasarme algo? De qué hablas, siempre hemos sido del mismo color del papel, no te preocupes hermanito, tú descansa, es solo que me cayó mal el desayuno.- nada que decir.
-Eres un idiota Tom.- espetó.
-Lo sé Bill, lo sé. Es solo que necesito tomar aire, es todo.- Lo necesitaba de todos modos.
-Iré a comprar un refresco afuera chicos, no me extrañen, tengo cosas en qué pensar… y Bill me alegro de que te estés recuperando, Hermano, te veo luego. – Les sonreí y decidí alejarme de allí, sabía que no estaba siendo muy disimulado en ese momento pero necesitaba respirar un aire que no estuviera contaminado con medicamentos, suero y todo ese olor tan anti gérmenes, necesitaba alejarme de todos, me sentía triste y no alcancé a responder a lo que me habían dicho Bill y Abby porque cerré la puerta tras mi antes de que ella pudiera detenerme.
Salí al estacionamiento y me senté en un asiento para personas discapacitadas, no había nadie que lo necesitara por lo que no le tomé mucha importancia, no sabría qué iba a hacer cuando Bill saliera del hospital, quizá esto del enamoramiento se me pasaría, o tal vez aumentaría y sería como tener una llaga en el corazón, apunto de quemarme el resto de los órganos. Miré mi celular y Georg me había enviado un mensaje, decía lo siguiente:

“heey…mañana hay examen de Química, recuerda el trato que me debes con las respuestas >:l ”

Rayos, se me había olvidado por completo el examen de Química, necesitaba subir mis notas, estaban lo suficientemente bajas como para que reprobara la asignatura y la única persona que me podía ayudar era Abby, mi cerebrito. Estúpido bastardo, odiaba hacer tratos con él, todo porque me daba el postre de su almuerzo.
Pasado unas cuantas horas sin darme cuenta, decidí dar un paseo afuera del hospital, cerca de allí había un parque que era lo bastante grande como para seguir haciendo hora hasta que Abby y susodicho terminaran de intercambiar saliva. Cuando estaba de regreso en el hospital escuche unos pasos detrás de mí que parecían seguirme, me di la vuelta despacio como en las películas de suspenso con el celular en la mano como para pegarle si fuera algún ladrón sinvergüenza,pero me encontré con una gran e inesperada sorpresa.
-Necesito verte, digo… hablarte, Tommy - su voz era como truenos para mis oídos.
-¿Es que tú jamás te aburres de perseguir a la gente?- hablé sin pensar, de todos modos tampoco hacia falta.
-¿Por qué te comportas de esta forma? No te he hecho nada… -Su voz sonó un poco asustada y confundida.
- Eso es lo que tú piensas, ¿Por qué rayos no te vas de una vez por todas?, esfúmate. -estaba demasiado enojado.
- No me trates así Tommy, digo, Tom. No tienes derecho a tratarme así.-  su mirada penetró en mi pupilas con una fuerza que no sabría cómo describir.
-¿A no? Entonces no tienes por qué molestarme, yo puedo tratarte como quiera porque no hay nadie que me lo impida, si no te gusta, puedes marcharte. - Estaba perdiendo la paciencia.
- No puedo dejarte ir, necesito que vuelvas a estar conmigo, lejos de aquí, Tú… eres todo lo que deseo. -  No alcancé ni a parpadear cuando sus labios estaban sobre los míos en un acto forzado porque yo no quise seguirle la corriente.
-¡Basta!, te prohíbo que vuelvas a hacer lo que has hecho, ¿No te das cuenta que eres Insoportable?, Lárgate de una vez, y esta vez no vuelvas nunca más. - la empujé, no tan fuerte como para botarla, pero lo suficiente como para alejarla de mí. Me detuve un momento para recuperar la compostura.
- Estás demasiado violento, ¿Qué mierda tienes en la cabeza? Vamos, no quieres admitirlo, aunque me trates como una escoria, sé que aún sientes algo por mí. - vi como sus ojos cobraron una forma acusadora para hacerme mostrar desconcierto y miedo.
-Siempre supe que serías un problema desde que te vi, eres una estúpida, no tienes idea de lo que hablas. -le dije aún más enojado.
 -El único estúpido aquí eres tú. – Me devolvió la palabra.
­-Escucha Alex, ahora no estoy para tus jueguitos, ¿Por qué mejor no gastas tu tiempo  acostándote con el vendedor de Café? He oído que está un poco necesitado y tú puedes … -No alcancé a terminar cuando recibí  su cachetada.
- ¡Imbécil! ¿Cómo te atrev…?¡Eres un IMBÉCIL! ¡IMBÉCIL! -No dejaba de chillar como una niñita.
-Estás haciendo el ridículo, pobre - Solté una carcajada, me divertía molestarla, no tenía sentido pero tampoco iba el caso para darle espacio a la razón.
-Te odio. - Fue todo lo que dijo.
-¿No que me amabas? – Seguí con el juego.
-¿A qué quieres llegar? Madura ¿Quieres?, Nunca llegarás a nada en la vida si sigues haciéndote el indiferente, Apestas, Tom. No sé en qué pensaba cuando pensé que podía con esto, Eres una basura. - Sonó dura.
- Gracias - Sonreí.
-Imbécil. - dio media vuelta y comenzó a caminar lejos de mi vista.
-Puta. -  Qué insoportable…
Al decir esto siguió su camino lanzando humo por las orejas, realmente estaba enojada. Cuando decidí alejarme vi el rostro de Abby acercarse hasta mí, podía ver que traía buenas noticias, a estas alturas ya ni sabía lo que eran Buenas noticias.
-¿Cómo te fue? – le sonreí y ella me devolvió la sonrisa.
-Excelente, Tommy. Pero… me extrañó que te quedaras tan poco tiempo, Bill quiere hablar contigo a solas para la próxima visita, Si vas a preguntarme el motivo no lo sé, tan solo me dijo que te diera el recado. -Frunció el ceño, era tan linda.
-Pues... sí, es el aire acondicionado, me pone de mal humor. -No se me ocurrió algo mejor.
-Está bien, Bobo. ¿Podemos irnos ya? Mi padre me llamó hace un rato, pero no pude encontrarte. -lo bueno es que no siguió preguntando.
Tomé su mano instintivamente y nos adentramos camino hacia el coche en el estacionamiento, ella parecía metida en sus pensamientos por lo que no notó que nuestros dedos estaban entrelazados, quizá era mejor que ella no se diera cuenta o quizá sí, todo estaba pasando demasiado rápido para mí, apenas lograba darme cuenta si estaba o no respirando.
Cuando llegamos a su casa, apagué el motor y la ayudé a bajarse, eran como las 8:45 de la noche y su padre quizá se enojaría pero ni yo ni ella nos dimos cuenta de la velocidad que llevaba, cada uno metido en sus propios pensamientos, Abby estuvo todo el camino mirando a través de la ventana mientras yo me sentía a gusto con el silencio, había pasado por un momento muy incómodo y no me quedaba más para decir.
- ¿Ocurre algo, pequeña? – Aún seguía sin decir una palabra.
- Oh, no no Tommy, es sólo que me siento un poco mareada, eso es todo, nada de qué preocuparse y… Gracias por traerme de vuelta a casa. – Se acercó y me besó en la mejilla, fue tan rápido que apenas pude percibirlo.
- Nos vemos mañana – le hice señas con mi mano derecha.
-¿Mañana? ¿Iremos a algún lado? – Preguntó, confusa.
-Am… ¿La escuela? ¿No quieres que te venga a recoger por la mañana? No entiendo… - ahora el que parecía confundido era yo.
-¡Sí! Digo no, ay, Sí Tom, Sí, Sí. – se llevó una mano hasta la frente.
- Está bien pequeña, que descanses. – no me atreví a decir que la quería, porque ella no tenía ni la menor idea de cuánto.
Acto seguido entró corriendo hacia su casa, cerró la puerta y no volvió a salir hasta la mañana siguiente.

Por Abby.

Después de ver a mi padre, a quién ni la mirada podías dirigirle, me obligó a desempacar muchos paquetes y frascos de unas cajas que estaban en el sótano, como él jamás me decía para qué me mandaba a hacer esas cosas no pregunté, tampoco tendría sentido y mucho menos quisiera saber en qué andaba metido mi padre, comprendo por qué mamá se fue de la casa, ella era la que tenía que cargar con todo el peso de sus mandatos. Mamá… Cómo la echo de menos, extraño verla todos los días, extraño su voz, la extraño a ella. Pero me hace feliz saber que está en un mejor lugar ahora, con una mejor persona y con una mejor vida, aunque nuestra separación haya sido de lo más dolorosa, siempre le desearé lo mejor, no iba a obligarla a seguir encarcelada en este infierno, mucho menos soportar que mi padre le pegara, ahora aunque casi nunca nos vemos, ya que ella comenzó a hacer una nueva vida con John, y juntos se mudaron a Massachusetts, nos comunicamos por Fax o por mensajes web cada vez que podemos, las llamadas a larga distancia no siempre funcionan como deberían debido a que aquí en Rostock, Mecklemburgo esas líneas se cortan en la costa, aunque Rostock es un lugar acogedor y bastante pequeño en comparación con Berlín, no era de su agrado debido a que John lo tenía todo allá y por supuesto, se llevó a mamá junto con él. Extraño que ella me aconseje sobre cómo resolver los problemas diarios, ella era como el diario de vida que nunca tuve uno porque ella era el mío, si no fuera por Bill y Tom, mi vida sería un desastre ya que ni amigas tengo, al contrario todas han sido unas ratas chismosas, nunca se dio en mí el talento para socializar con ellas, aunque compartimos gustos parcialmente parecidos simplemente no era lo mío. Al pasar los años, Bill y Tom se mudaron a Rostock, ellos vivían en Berlín junto a Simone y Jörg, pero cuando cumplieron los 7 años, sus padres se divorciaron y comenzaron una nueva vida aquí. Aquí hay unas cuantas escuelas, institutos y universidades, nuestro instituto es el más grande de la ciudad, y por decisión del destino nos unió a Bill y a mí. Bill y Tom cuando llegaron eran completamente inseparables, bueno aún lo siguen siendo y jamás lo dejarán de ser, estoy segura que me casaré con Bill y Tom a la vez, pero desde que su mamá se casó con Gordon, han vivido una vida bastante feliz, además tampoco somos solo nosotros 3, también están Georg y Gustav, son nuestros amigos más cercanos, siempre almorzamos juntos en la cafetería y generalmente en los trabajos de grupos nunca nos preocupamos por el número porque casi siempre son de a 5. Georg vive a unas cuantas cuadras de mi casa, y Gustav vive un poco más lejos que los demás, su casa es enorme y está junto a un lago llamado Rainlook, su padre es uno de los dueños de la costa y algunas veces siempre nos invita a dar un paseo en bote.
Una vez que terminé de desempacar, mi padre me dio 35 dólares y me di una ducha rápida para poder subir a mi cuarto y seguir pensando en lo que me había dicho Bill, es extraño y un poco raro porque cuando pienso en eso me duele un poco el estómago y mi cabeza no deja de dar vueltas, es que el tal solo pensar que Tom y yo…
En eso no me di cuenta cuando tropecé con uno de los escalones y casi me caigo, pero por suerte tenía las manos libres como para recobrar la compostura. Cerré mi puerta y acerqué mi mochila a mi escritorio para arreglar las cosas para el instituto, Diablos, mañana era el examen de química y no tenía ánimos para tomar los libros, que la suerte me acompañe mañana.
Cuando tuve todo listo, fui al baño, me cepillé los dientes y me puse Pijama, dejé mi celular sobre mi mesita de noche y finalmente me acosté, pero conciliar el sueño no fue fácil en absoluto, mi cabeza daba vueltas y vueltas y aún no podía quitar de mi mente la frase que dijo Bill;

“Es una locura, pero podría jurar que Tom se está enamorando de ti”
 
¿Qué!? , claro que es una locura, Tom es mi mejor amigo, mi consejero, mi payaso, es un gran chico, es atento, cariñoso, inmaduro, testarudo, egocéntrico, impulsivo, obstinado, es… es… maravilloso.
El tan solo pensar en que entre Tom y yo… se me revolvió el estómago y me sentí extraña, Bill es su hermano y de seguro aún está mal de la cabeza por lo del accidente y sólo dice tonterías que cree que son así pero en verdad no lo son, además nada de eso puede ser cierto porque, bueno porque… no lo sé.

*FLASHBACK*

-Tus ojos son realmente hermosos, Abby.me encanta que sean Verdes- Tom se acercaba cada vez hacia mí, no podía quitar mis ojos de los suyos, era como si me gustara, pero en ellos encontré algo que era mío, ellos me recordaban a Bill. De pronto me sentí muy nerviosa, y ahora podía sentir el aliento de Tom chocando contra mi nariz,  y entonces pasó lo que supuse que pasaría, nos besamos. No sabía qué hacer, no sabía si devolverle el beso o no, pero sus labios eran tan suaves y delicados que no pude evitar moverlos al ritmo de los suyos…
Tom había apagado la luz y solo podíamos ver por el pequeño rayito de luz, estaba todo tan calmado pero me comencé a sentir nerviosa. Tom comenzó a hacerme un pequeño masaje en la cabeza, y posó su otro brazo sobre mi cintura, él de apoco de incorporó a la cama hasta quedar acostado justo al lado mío.

*FIN DEL FLASHBACK*

Oh dios, nos… besamos. me llevé una mano hasta los labios recordando el sabor de los de Tom, se me revolvió el estómago, mi corazón comenzó a acelerarse y no podía respirar muy bien, aún no podía olvidarme de todas esas imágenes, me sentía avergonzada y extraña, pero por mi cuenta pienso que no fue algo tan malo, un error lo puede cometer cualquiera, además todo lo que yo siento por él es…
Desperté con el sonido de mi celular, era Tom, estaba afuera esperándome para ir al instituto y yo ni la cara aún me había mojado, me levanté de la cama de un brinco y corrí hacia la ventana para hacerle señas a Tom para que esperara un momento. Tomé una ducha rápida, bajé las escaleras y mi padre había preparado el desayuno, cosa extremadamente inusual, lo miré confusa y después lancé una mirada rápida a los Waffles que estaban sobre la mesa, tenía mucha hambre ya que no había comido nada en todo el día de ayer cuando llegue del Hospital, pensando que aquellos eran para mí, tomé el plato y de pronto mi padre exclamó;
- Oye, pero ¿Qué haces? Deja eso ahí, Vamos, déjalo, no es para ti –
-Pero yo pensé que… - no sabía que decirle.
-¿Qué esperas? Ash, nada puedes hacer bien, todo lo tengo que hacer yo, estos son para mis amigos, no para ti, para eso te di dinero anoche, vamos, vete vete – me quitó el plato de las manos.
Mi estómago rugía y sin más que hacer di media vuelta y me alejé, no tenía sentido discutir con mi padre, era un testarudo. Llegué a la puerta, giré la manilla y al salir choqué con el rostro de Tom, mi cabello se enredó en su chaqueta y quedamos a una distancia tan mínima que podría jurar que menos de 3 cm no era. Tom posó su mirada sobre la mía y no pude quitar mis ojos de allí, por dentro lo único que quería hacer era apartarme pero fue demasiado tarde cuando sus labios rozaron los míos.

Continuará