Pasaron varias horas desde que visitamos a Bill, cuando lo vi no pude evitar emocionarme, saber que él volvería en pocas semanas a casa me ponía más que contenta, Tom y yo decidimos ir a dar un paseo por un parque cercano al hospital mientras a Bill le hacían algunas revisiones y curaciones, después me iría a despedir de el para volver en la tarde, ya que teníamos que ir al instituto mañana en la mañana. Cuando salimos, Tom me compró un helado y él comió del mío, íbamos así hasta que se acabó, eso fue un poco raro también, pero no quise decirle nada, me sentía rara diciéndole eso así que mejor decidí actuar normal. El tiempo con Tom era hermoso y divertido, realmente me encantaba estar con él, nos reíamos de cualquier cosa, hablábamos de nosotros, de nuestra infancia, de cómo fue todo antes de conocernos, y así se pasaba el tiempo, entre risas, abrazos y anécdotas, si no me equivoco dimos como 3 vueltas completas por todo el parque que de por sí era como un estadio. En un momento Tom me subió a su espalda y comenzó a correr como loco por el césped del parque hasta que tropezó con una lata de refresco y me caí sobre el césped mojado.
-Tom, me las pagarás, ¡estoy mojada! – le espeté entre risas
-Bueno, ¿Aceptas cheques? ¿Tarjeta de crédito? ¿Efectivo?
- Gracioso, ahora ayúdame – hice un gesto de enojo fingido y cuando él estiro su mano para ayudarme yo lo empujé hacía mí y él se cayó.
- Oh no, esto tampoco se quedará así Abby – Tom se paró, y seguidamente me tomó en brazos llevándome a no sé dónde, yo traté de resistirme, pero era imposible estando presa de él.
-Ahora veamos si tanto te gusta el agua, tramposa. – él me bajó y cuando me di cuenta estábamos sobre un regadero, se encendió porque Tom lo pisó y nos mojamos completos. Fue tan divertido, Saltábamos, hacíamos rondas con las manos, nos lanzábamos agua con la boca, todo. Tom dejaba ver su mejor lado ahora conmigo, conmigo se comportaba diferente y eso me hacía quererlo aún más, me gustaba que fuera así.
Después de empaparnos, nos fuimos caminando hacia el hospital, pero Tom me dijo que no podíamos ir así y menos entrar, los guardias no nos dejarían, pero me dolía no poder despedirme de Bill, yo quería verlo, besarlo, abrazarlo y decirle lo mucho que lo amo.
-Tom, ¿puedes llevarme a mi casa para cambiarme e ir a despedirme de Bill?
-Esto… es muy tarde Abby, es mejor que lo dejemos descansar. – parecía como si no quisiera llevarme.
-¿No quieres ir? Si no quieres está bien Tom, lo extrañaré de todos modos.
-Pero si puede cuidarse Abby, no es tan importante.- ¿Ah?
-¿Qué? No Tom, claro que es importante, Bill está delicado y yo… -
-Bueno, Vamos Abby. – su tono de voz sonó como si… como si le molestara que me preocupara de Bill, no lo entendí.
-No Tom, tienes razón, es tarde y Billy necesita descansar, lo llamaré al teléfono de su habitación-
-Ok- eso fue todo lo que me dijo.
Durante todo el camino Tom y yo no hablamos, él coloco la radio para evadir el incómodo silencio. Su rostro tenía los rasgos comprimidos, de vez en cuando fruncía el ceño, es como si estuviera pensando algo que lo molestara, algo que lo hiciera enojar, pero preferí no meterme, solo iba mirando por la ventana durante el trayecto hacia mi casa. De verdad quería hablarle a Bill, al menos poder escuchar su voz, pero no quería pedirle el número de su habitación a Tom, al menos ya no ahora.
-Gracias Tommy, lo siento si te molestó algo… - no me dejó terminar la frase
-No, hermosa, no pasa nada, todo está bien- su estado de ánimo cambió completamente, ya no estaba enojado y parecía feliz.
-Lo pasé muy bien esta tarde, fue muy divertido- le dije
-Tenemos que repetirlo Abby, me encantas. – me confundí con la última palabra
-¿Cómo, Tommy? – se me salió la pregunta sin querer.
-Digo…me encantó. Si, si, la tarde, me encantó la tarde- parecía nervioso, pero creo que me estaba imaginando muchas cosas locas.
-A mí también, fuiste muy dulce hoy, no conocía esa parte de ti- le sonreí y él de inmediato me la devolvió, me miro a los ojos y otra vez me puse nerviosa, era como si él quisiera sumergirme en sus ojos cada vez más profundo.
-¿Te acompaño hasta la puerta? – me ofreció su mano
-Claro, por qué no Tom, si quieres puedes entrar, tengo algunas cosas para Simone- me acordé que tenía algunas cosas para ella, le encantarían.
Tom se bajó de su Audi y me ayudó a bajar, pero fue extraño, él no tenía la misma manera de tomarme para ayudarme a bajar como Bill, pero igual se lo agradecí. Caminamos hasta mi puerta y noté algo raro, las luces del comedor estaban encendidas. Ay no, por favor que no sea mi padre, quizá puede ser Sam, si, pensaré que es Sam.
Tom abrió la puerta principal pero se cayeron las llaves al suelo por lo que tuve que agacharme para recogerlas mientras Tom entraba primero, cuando me paré, me sacudí la ropa y escuché su voz.
-¿Quién eres tú? ¿Por qué están tan mojados? – mi Papá le llamo la atención a Tom, pero no sonó duro.
-Buenas Noches, Señor Hagen. Mi nombre es Tom y soy su n… - lo interrumpí antes que pronunciara el apellido-
-Un amigo. Es un amigo papá- mi papá me fulminó con la mirada.
-Esto... nos vemos mañana Abby, Adiós- mi papá se dio la vuelta y Tom rápidamente me besó en la comisura de los labios, me quedé helada, definitivamente no me esperaba eso. Tom me sonrió y después cerró la puerta tras él. Wow.
Una tormenta de emociones extrañas recorrían cada terminación nerviosa de mi cuerpo, miles de estímulos y sensaciones me invadían, no lo entendía, tenía muchas dudas y eso me hacía confundirme demasiado, era raro que Tom… nada, es solo mi imaginación.
Estaba a punto de subir la escalera cuando mi padre me llama la atención.
-Abby, necesito hablar contigo, ¿puedes venir? – su voz sonaba amable. Me di la vuelta e hice un sonido con la boca para hacerle entender que le pondría atención.
-Mira, antes que todo te comentaré un poco sobre lo que estuve buscando hace días- mi padre comenzó con una charla espantosa, pero lo escuché.
-Hace unos días comenzó la temporada de Heroína, es una época de muchas ganancias, se vende como pan caliente Abby, tenemos mucho trabajo por hacer y necesito que tú… - lo interrumpí
-No… yo no haré eso-
-¿Ah no? ¿Entonces quién paga por ti?
-Papá, lo siento, yo acepto tu ocupación, tu trabajo y vivo con ello, de acuerdo, pero yo no quiero ser parte de él.- traté de ser lo más clara posible.
-Esto no es porque tú no quieres, es lo que yo quiero.-
-¡No puedes obligarme a vender drogas! – no lo haría.
-Entonces. Tendré que tomar otras decisiones.- odio a mi padre. Lo odio.
-Mira Abbigail. Si no me vas a ayudar a vender este oro, no verás más a Bill.-
-¿Qué? ¡No puedes negarme eso papá! Eso no –
-Entonces ¿lo harás? O ¿quieres algo más?- no podía negarme eso, pero conociéndolo lo hará.
-Pero si lo hago, qué me das a mí.- traté de seguir su juego. Además conocía a muchos chicos que le compraban a mi padre, pero no les vendería.
-No lo sé, dime qué quieres y lo aceptaré.- dijo él
-Bien, quiero que dejes entrar a Bill cuantas veces quiera a Casa, quiero que me dejes verlo cuando yo quiera y poder salir con el cuándo yo quiera. Eso o nada. Sé que es mucho para ti pero así te facilitaría el trabajo.-
-Eres lista, bastante. Está bien, podrás hacer lo que quieras con Bill. Ahora ve en dirección al patio y coge los sobres. –
Una vez fuera de la casa, me di cuenta que mi padre se había obsesionado con esta droga, yo no podría venderla, nunca les haría un daño tan grave como lo hace la Heroína a las personas con las que convivo, jamás. Tendría que buscar algún pretexto o algo que hacer con los paquetes, algo para poder conseguir el dinero, fuese lo que fuese.
Continuara...
