domingo, 28 de abril de 2013

La verdad, la verdad y nada más que la Verdad.





En un abrir y cerrar de ojos me di cuenta de lo estaba ocurriendo y sin poder detenerme le seguí la corriente y de nuevo Bill se asomó a mi mente y comencé a besar a Tom como si fuera Bill con una pasión incontenible.
-Vaya… - sus ojos se iluminaron repentinamente y su sonrisa era más brillante que antes. Me quería morir cuando me di cuenta de que a quién estaba besando era Tom.
Seguidamente me ayudó a subir a su Audi y yo muriendo de vergüenza no pude dirigirle la mirada durante todo el camino.
-¿Te importaría si apago la radio? Me duele mucho la cabeza. – sugerí sin pensar que los efectos eran a causa de que mi estómago no contenía ni una pisca de glucosa.
El camino hacia el instituto transcurrió muy lento y el ambiente era más bien tenso e incómodo por lo que sólo mire a través del vidrio tratando de ocultarme de su rostro que me producía sensaciones extrañas e irreversibles.
De pronto mi estómago comenzó a rugir, me avergoncé y me llevé ambas manos hacia mi estómago como si al hacer esto apaciguaría el ruido.
-Vaya, pero diría que alguien no desayunó esta mañana. ¿Llegué muy temprano querida bella durmiente? – Los sarcasmos de Tom nunca faltaban, me gustaban porque me hacían reír.
-La verdad es que no he comido nada desde Ayer.- lo miré un poco avergonzada y mis ojos se encontraron irremediablemente con los suyos.
-¿Quieres que pasemos a un café aquí cerca del instituto?- sonrió.
-Pero… - me ruboricé.
-Nada de peros, ya me metí por esta calle y no nos queda de otra que bajarnos. -automáticamente me ruboricé, su expresión tenía el mismo semblante que Bill y eso me hacía parecer mucho más nerviosa.
Después de comer y pagar en el café nos dirigimos hacia el instituto tranquilamente, la situación se había alivianado un poco y todo volvía a recobrar la normalidad. Lo miré detenidamente unos minutos sin poder dejar de pensar en Bill, el hecho de extrañarlo tanto me hacía confundirme con Tom. Ahora todo estaba siendo claro para mí, lo que yo sentía realmente por Tom no era amor, sino una confusión. Y no estaba siendo justa dejando que todo esto se salga de control. Me detuve a pensar y todas sus reacciones fueron tanto amorosas como distorsionadas, yo no estaba enamorada de Tom, estaba enamorada de Bill y tenía que hacérselo saber.
-¿En qué piensas? – no me di cuenta cuando hay habíamos llegado y él estaba asomado a la puerta del copiloto para ayudarme a bajar.
-En que hoy hay examen de química y yo ni siquiera estudié – me reí dulcemente y me bajé.
-Diablos, ¡no me acordé! – su voz sonó un tanto desesperada.
-Siéntate detrás de mí – le sugerí ya que podía ayudarle en el examen.
Caminamos hacia el instituto y nuestra primera clase resultaba ser química. La profesora nos sentó a todos en filas separadas y comenzó a entregar los exámenes y le hice señas a Tom para que estuviera atento a mis señales. Tan pronto como comenzó el examen Tom comenzó a patearme debajo de las sillas para pedirme ayuda.
-¿Qué rayos es el ácido acetilsalicílico? – murmuró pegando su mesa cada vez más hacia mí.
-Aspirina. – respondí ladeando un poco la cabeza para que el sonido no se propagara.
-Pss.. Aspirina. – oí como Tom repetía lo que le había dicho a Georg, que estaba sentado justo al lado de él, literalmente al lado.
-¿Cuánto da la 22? – así seguimos casi durante más o menos la primera hora.
-Señor Kaulitz, cámbiese de lugar inmediatamente. – me estremecí cuando escuche a la profesora mencionar a Tom.
¿Por qué, señorita si yo.. – bufó.
-Ahora. - la mayoría de la clase de distrajo y mientras Tom se cambiaba de lugar con cara de Póker Gustav me hizo señas para que le diera las respuestas. Tan pronto como la profesora salió de la sala para llamar a otro profesor intercambiamos nuestros exámenes porque yo ya había termino el mío. Justo a tiempo cuando entró el señor Tanner comencé a responder el examen de Gustav mientras escuchaba como Georg lo maldecía por adelantarse.
-Se acabó el tiempo Alumnos, comenzaré a recoger sus exámenes.-  Sonó la campana y la profesora no alcanzó a darse cuenta del nombre escrito en el examen por suerte porque si lo hubiese hecho estaría frita. Después de escuchar la campana salimos hacia el patio para reunirnos con los demás. Pronto cuando vi a Tom me acerqué a él.
-A veces no eres lo suficientemente discreto para soplar tus respuestas- me reí y él se contagió por lo que lo hizo también.
Paseamos durante todo el tiempo libre hablando sobre las películas que nos gustaría ver y en eso me acordé de lo que había sucedido en la mañana por lo que debía apresurarme en soltar la sopa.
-Tom… me gustaría que conversáramos a solas en la hora de Almuerzo, ¿Podríamos? – bajé la mirada y espere su respuesta. Me miró confuso y asintió con la cabeza. Después de esto sonó de nuevo la campana avisándonos que comenzaría la clase de Matemáticas. Entramos al  salón y nos sentamos en los mesones del laboratorio en el cuál nos esperaba el profesor Jennaer con una gran cantidad de guías sobre el escritorio.
-Chicos, como sabrán nuestro próximo examen es la próxima semana por lo que tenemos muy poco tiempo para resolver dudas, les preparé una pequeña guía de repaso para que puedan estudiar para el examen, comenzaré repartiéndolas y espero que hagan de su tiempo un momento productivo – comenzó a repartirlas y en cuanto llegó a nuestro lugar se detuvo y le preguntó a Tom;
-¿Y cómo sigue su hermano? ¿Hay noticias de cuándo volverá? Se extraña el cerebro de ese chico- comenzó a reír y en seguida le entregó el mazo de guías a otro chico para que siguiera con la repartición.
-Bien, la verdad está muchísimo mejor, pero aún no sé cuándo le darán el alta, profesor. – El profesor Jennaer estimaba mucho a Bill ya que este era una calculadora humana, no sé cómo podía ser capaz de dar más de 8 decimales de una división sin detenerse a pensarlo demasiado. Era de alguna manera el  alumno estrella de la clase de matemáticas, principalmente hacía que el Profesor Jennaer tuviera con quién entretenerse y con quién discutir sobre ciertos asuntos referidos a la materia ya que la mayoría de la clase hacía otras cosas mucho más sencillas que resolver teoremas matemáticos.
-Bill, ¿cuánto es 43x12 dividido en 0,65? – preguntó Gustav pero inmediatamente se dio cuenta que su presencia hacía falta. – Oh cierto que aún no vuelve la calculadora, me hacía mucho más fácil preguntarle a él que hacerlo yo mismo, de hecho ni siquiera tenía que tomarme el tiempo de presionar los botones.- replicaban Gustav, Tom y Georg la mayoría del tiempo.
-Chicos, como veo que no están haciendo nada, se me olvidó mencionarles que la guía tendrá puntos base para el examen, por lo tanto la persona que quiere esos puntos me debe entregar la guía completa el día Lunes antes del examen ¿Entendido?- Acabado de decir esto me di cuenta que aún no terminaba la 2da plana y me quedaban otras 8 más.
-Se suponía que usted dijo que sería una pequeña guía… - Alguien comentó el voz alta
-Pequeñas guías, pequeños resultados. A trabajar antes que se acabe el tiempo, no son los únicos que desean ya irse a almorzar.
-Abby ¿Cómo se hace la 15? Y ¿Cuánto te dio? – me preguntó Georg.
-Da 50… Hey, hazlo tú mismo, tramposo – me reí y él me siguió.
-Creo que no estoy muy bien preparada para el exámen, iré a estudiar al Hospital con Bill. – sonreí y en ese mismo instante sentí los ojos de Tom posarse sobre mi rostro.
-Pueden salir a su Almuerzo chicos, nos vemos el jueves.- sonó la campana, arreglé mis cosas y me dispuse a salir a dar la charla que había estado pensando durante toda la clase de matemáticas. Nos dirigimos todos juntos para recoger el almuerzo pero yo y Tom nos sentamos en mesas separadas a las de Georg y Gustav.
¿Y bien…?- me miró con brillo en los ojos, no sabía cómo decírselo.
-Pues… es sobre lo que ocurrió esta mañana. – lo solté.
-¿Qué hay de malo con lo que ocurrió?  - me miró confuso, realmente confuso, debía ir directo al grano.
-Sobre el Beso. Tom… lo siento pero… como decirlo.. Okey fue un error. – no sabía cómo explicárselo, quizá todo era solo un malentendido.
-¿Error? Yo pensé que nosotros… - me miró con decepción.
-Nosotros somos amigos, Tom. Yo no sé qué ha estado pasando últimamente pero no quiero que nos confundamos, tan sólo no quisiera que tuviéramos momentos incómodos, como verás, no es que vayamos a convertirnos en una pareja.- me reí a causa de la gracia pero Tom parecía más bien ausente.
-Ya veo.- fue todo lo que dijo.
-¿Te ocurre algo? -Lo miré a los ojos, pero estos no me respondían.
-Lo que ocurre es que Te quiero. – dirigió inmediatamente la mirada desde sus manos a mis ojos. Sentí como el alivio regresaba a mi cuerpo.
-Yo también Tommy, yo también. – le sonreí tiernamente.
-No. Es que no lo entiendes Abby. – me miró con el semblante serio.
-¿Qué es lo que no entiendo? – tome la manzana de la bandeja del almuerzo y le di un mordisco.
-Te quiero. Te quiero de verdad porque Yo… yo… estoy enamorado de ti. Eso es lo que realmente pasa aquí.- me quedé de piedra y sin darme cuenta la manzana que tenía en la mano derecha rodaba por el piso.
-Sí, sé que te impresiona que te lo diga de este modo pero… respondiste a mi beso esta mañana y… - sentí como un nudo gigante me oprimía la garganta.
-No… no es lo que entendiste, Tom. Yo no quise… es que no eras tú.- no tenía ninguna otra forma de decirle más que la verdad.
-¿Qué no era yo? ¿Entonces quién es? – seguía con el mismo rostro de antes.
-Bill. Yo pensé que eras Bill cuando te respondí el beso en la mañana. Pero Tommy yo… no quiero lastimarte, no quiero que… - no tenía palabras.
-Lo sabía. Sabía que todo esto jamás podría ocurrir. Es mi culpa por ilusionarme mientras él no estaba. Lo siento Abby, no quería causar que te preocuparas – bajó la mirada y junto sus manos.
-Tom, mírame. Mírame. – levanté su mentón con mi mano.
-Te quiero, y mucho. Eres como mi hermano, mi mejor amigo, eres increíble y jamás olvides que siempre estaré para ti, pero mi corazón ya ha sido robado y aunque quisiera en estos momentos corresponderte, no podría cariño, jamás me imaginé que esto podría llegar a pasar, quizá hubiera podido detener esto antes de que avanzara tanto, tan solo te pido disculpas por no darme cuenta ant… -enseguida me tapó la boca con su mano y me miró con una sonrisa en su rostro.
-Realmente mi hermano es un chico afortunado. Demasiado diría yo. Lo envidió por tener consigo un ángel tan hermoso como lo eres tú. Y no tienes de qué preocuparte, te agradezco  que seas sincera conmigo y no me ocultes lo que de verdad sientes, eres una persona maravillosa y respecto a esto ya se me pasará, respeto tus decisiones y las de mi hermano, no soy quién para entrometerme en su relación, que por cierto es la relación más perfecta y hermosa que he visto jamás. Sé que él sabe la suerte que tiene.- me quedé helada y sin palabras.
-Gracias por entenderlo. – le sonreí abiertamente.
-Gracias a ti. – nos abrazamos sobre la mesa y después él comenzó a disfrutar su almuerzo mientras yo solo bebía un jugo porque no tenía ni una pisca de hambre todavía.
-¿Qué harás después de clases? ¿Te parece si vamos a visitar a Bill al hospital? – me preguntó Tom cuando terminamos de entregar nuestras bandejas del almuerzo.
-Mmm creo que tengo cosas que hacer por ahora, Tommy. Te lo agradezco muchísimo pero creo que llegaré a ponerme el pijama y a dormir eternamente el resto de la tarde. – nos sonreímos mutuamente mientras nos dirigíamos al salón para recoger nuestras cosas.

-Te veo mañana. Adiós y descansa ángel. – se despidió con un meso en mi mejilla y después tomo la calle a la derecha en camino al hospital. Caminé directo a mi casa y sentí como mi estómago comenzó a rugir de una manera horrorosa al igual que en la mañana, al parecer el hambre había vuelto a hacerse presente en mí.
Subí las escaleras de la casa para dejar mis cosas sobre mi cama cuando encontré un fax de mamá. Me avisaba que vendría a visitarme sin su pareja dentro de unos cuantos meses mientras hacía los preparativos para su empresa. Me alegraba mucho la idea de volver a tener a Mamá cerca después de que se marchara a Boston, en lo que restaba de Papá… mejor era no discutir sobre ese tema porque era un egoísta sin remedio. Me senté sobre la cama y mi mirada se posó en todas las fotografías que había de Bill y yo en la puerta, era mi collage de fotos de nosotros. No pude evitar sonreír de oreja a oreja al recordar todo lo que habíamos pasado, lo extrañaba demasiado, me hacía mucha falta poder tenerlo cerca. Después de bajar de las nubes me dirigí hacia la cocina para prepararme algo de comer, al parecer lo único disponible en la despensa era Pasta por lo que junté los ingredientes y me di cuenta que la Salsa de tomates era lo único que me faltaba. Tomé el dinero del estante de la cocina y salí veloz hacia el almacén que quedaba a una o dos cuadras de mi casa mientras dejaba que la pasta se cocinara tranquila. Corrí para evitar que la casa se incendiara y al ver que aún restaba bastante tiempo subí hacia mi habitación, me coloqué el pijama más cómodo y ya estaba lista para sacar los fideos de la olla cuando escucho sonar el timbre. Me puse nerviosa porque estaba en Pijamas y no se me ocurría quién podía ser, por lo que no le di más importancia a la situación y me aproxime a abrir la puerta. Cuando giré la manilla de la puerta y la abrí me encontré con una hermosa e inesperada sorpresa.
-¡Sorpresa! – lo miré sorprendidamente durante unos minutos que parecieron congelarse y luego me di cuenta que sostenía unas hermosa rosas Rosas en las manos, que para justo entonces alargó su brazo para entregármelas.
Las acepté, las coloqué sobre la mesita del teléfono fijo y sin lugar a dudas me abalancé sobre él, me levantó y me abrazó con todas sus fuerzas.
-Aún no puedo creer que estés aquí – dije aún con mi rostro escondido alrededor de su cuello.
-Lo primero que pensé hacer es venir a verte. No sabes lo mucho que extrañé hacer esto.- Posó su mirada sobre la mía para luego depositar sus suaves y cálidos labios junto a los míos. Le respondí al beso como si no hubiese un mañana y nos besamos bruscamente pero de forma apasionada durante un tiempo bastante prolongado hasta que ambos nos quedamos sin oxígeno y tuvimos que respirar una gran cantidad de aire después para no asfixiarnos.
-Eres la mejor sorpresa que jamás alguien podría darme. – Bill sonrió como un niño y tomó mis manos para después jugar con mis dedos.
-Nada me haría más feliz que verte, sigues igual de hermosa.- sonreímos juntos.
-¿Estás insinuando algo, ah? – lo miré enojada de broma por un momento
-No no no quise decir eso ,yo … - me acerqué a él y sus labios dejaron de emitir sonido.
-¿Estás cocinando algo? Huele delicioso... – me dirigí a la cocina para preparar ambos platos.
-Siéntate, está servido. – coloqué unas copas y saqué unas botellas de whisky que mi papá tenía en un estante.
-Amor, está delicioso, Apropósito, tengo una propuesta para ti- me encantaba su expresión tan radiante de felicidad, estar con él era como estar en el paraíso, sin exagerar.
-¿Propuesta? Acaso ¿aún no se terminan las sorpresas?- terminamos de cenar y dejé todo sobre el lavaplatos y me dirigí al sofá en donde Bill estaba recostado.
-Ven, recuéstate sobre mi – obedecí y me recosté junto a él, me abrazo y juntamos nuestros labios a la altura de nuestros rostros.
-¿Quieres que vayamos a la playa este fin de semana? tengo algunos preparativos que estoy seguro que te encantarán.-
-¿A la playa? Sí, me parece divertido, ¿Se puede saber alguno? – jugó con mi cabello durante un rato.
-Claro, arrendé una cabaña para nosotros por 2 noches, llevaremos comida y algunos tragos para divertirnos, además, ya sabes que me encanta la playa. – sus dedos de enredaron en las puntas de mi pelo y soltó una risita traviesa.
-No pueeedo esperar.- lo besé y entonces me acordé del examen.
-Billy… por cierto, cambiando de tema, tú y tú cerebro ¿podrían ayudarme a estudiar?- lo miré con cara de súplica.
-¿Para? Vaya, aún sigues con eso – se rió y su cuerpo se movía que hacía que mis piernas rebotaran en las suyas.
-En tu pequeña especialidad.
-Ah, matemáticas ¿no es así?, no tienes que preguntarlo cariño, sabes que siempre lo haré.
-No hay profesor más sexy que tú para enseñarme la parte más divertida de las matemáticas- juntamos nuestros labios y a su vez nuestros cuerpos. Después de un rato nos quedamos dormidos sobre el sofá y no nos dimos cuenta de nada hasta la mañana siguiente.

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